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La reconocida experiencia de Publidisa a lo largo de estos
útlimos años ha dejado una significativa
huella en los medios de comunicación y en eventos
del sector como ferias y congresos que son recogidos por
orden cronológico en estas páginas.
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Será el año del libro electrónico
16 de enero de 2009.
Candela Moreno escribió un sms a todas sus amigas antes de invitarlas a celebrar su último cumpleaños: “Por favor venid sin regalo, prefiero un regalo colectivo y quiero comprarme un eBook”. Candela colabora en una pequeña editorial y pasaba horas delante del ordenador leyendo originales: “Me dolía todo y me dejaba los ojos en la pantalla –recuerda–. Ahora puedo leer en cualquier parte, tirada en el suelo o andando por la casa, que es algo que me encanta”. En su último viaje a Egipto se llevó un auténtico cargamento de libros y de guías de viajes: “Cargué todo lo que encontré de Naguib Mahfuz, entre otros La batalla de Tebas, porque iba a visitar la ciudad, y El callejón de los milagros, que leí en el café donde el autor lo escribió”. Para ella el libro electrónico tiene muchísimas posibilidades y está convencida de que es el futuro: “Empezarán a utilizarlo los profesionales, como ya ocurre, y después vendrán los buenos lectores. También será una forma de racionalizar el sector del libro para evitar que sigan almacenando, y después destruyendo, tanto papel”. Hay quien lo ha visto claro desde hace tiempo, como Javier Cámara, director de la librería Cámara de Bilbao; Javier vende en su establecimiento libros electrónicos desde mayo de 2008.
Oferta y demanda
Hace cosa de un año que José María Martínez se compró en Estados Unidos un libro electrónico, un Sony. Está encantado con el invento, que utiliza de manera habitual. Entre otras cosas ha releído la galdosiana Fortunata y Jacinta en este formato. Libros descatalogados, novedades todavía no traducidas o de ediciones pequeñas y libros técnicos son, para él, lo más interesante para meter en su libro electrónico. Se queja, no obstante, de la ausencia de títulos disponibles en español por parte de las editoriales: “Si no lo haces, y no lo haces bien, como hay demanda alguien lo va a hacer, y lo hará pirateando”, dice Martínez, que es el director de comunicación del Instituto Cervantes. “Estamos desarrollando unas plataformas electrónicas y digitalizando contenidos –explica Santos Palazzi, director del área de Mass Market de la editorial Planeta–. Cuando hacemos un libro pri- mero es un documento digital, pero no es legible para un libro electrónico, hay unos costes de transformación para pasar al lenguaje adecuado, el XML. Pasar todos nuestros contenidos supone tal gasto y tal cambio de mentalidad y de trabajo que no estamos en disposición de asumirlo a corto plazo. Lo que sí estamos haciendo es convertir en formato de libro electrónico algunos contenidos o libros importantes, porque sí puede haber una demanda y quien tiene el dispositivo está dispuesto a pagar por ello. Debemos ofrecerle una alternativa antes de que se lo descargue gratis de Internet o de cualquier página web pirata, porque no es ningún secreto que cualquier título significativo está hoy en formato Word o Pdf en cualquier sitio de descargas ilegales”. En 2000, nació Publidisa (Publicaciones Digitales SA) y comenzó sus operaciones en 2001. Se trata de una empresa de servicios para el sector editorial, para que se aprovechen las ventajas que brindan las nuevas tecnologías. Lucía Fournier, su directora de Marketing, explica que tienen “dos líneas de negocio, una de productos bajo demanda, en la que se consideró estratégico el eBook, y otra de comercialización (www.todoebook. com). Trabajamos con más de 1.200 editores en todo el mundo, tenemos más de 10.000 libros en formato electrónico”. Uno de los objetivos de esta empresa es que sean los editores los que vendan directamente. “Este año –añade Lucía Fournier–, el del libro electrónico ha sido el asunto estrella en las ferias internacionales, ya no se puede esperar, las cifras de Estados Unidos indican unos crecimientos muy altos”.
En qué leer
“De los dispositivos disponibles –cuenta Fournier–, las dos estrellas a escala internacional son el Sony Reader y el Kindle; este último es el que más terreno gana en Estados Unidos. Nosotros estamos recomendando a los editores que no se preocupen por los dispositivos sino por los contenidos y por que estos sean legibles para cualquier tipo de lector. Las grandes editoriales se están moviendo, pero tardan mucho en reaccionar, sin embargo hay muchas pequeñas que son más ágiles y lo están moviendo. Hay todo tipo de contenidos. Uno de nuestros últimos clientes es Harlequín Ibérica, especializada en novela romántica, y está funcionando muy bien. Tenemos una red afiliada de librerías, entre las que están El Corte Inglés o Casa del Libro. En noviembre hicimos un lanzamiento en la cadena mexicana Gandhi que ha sido todo un éxito”. Santos Palazzi, de Planeta, dice que “no hay un dispositivo implantado en España, a pesar de tímidas iniciativas recientes con dos lectores: el Iliad, comercializado por Media Markt, y el Papyre, por Carrefour. Ha sido la primera vez que se han vendido así, aunque sí se estaba haciendo por Internet. ¿Y cómo estamos respondiendo a esto los editores? Ninguna editorial dispone de una oferta descargable de sus fondos, pero más de una, entre las que está Planeta, está trabajando para que sea una realidad a lo largo de 2009”. Y en unos meses, quizá después del próximo verano, se comercializará el Sony Reader, que necesitará, lógicamente, que exista una oferta de títulos. En el sector se habla de que también las grandes superficies querrán entonces poder ofrecer a sus clientes contenidos para los libros electrónicos que les venderán y ese será el momento en el que las editoriales más potentes, y también las menos, pondrán en el mercado sus títulos electrónicos.
Inversiones
Pero, cuidado, que no pase lo mismo que ha ocurrido con la música digital. “Hay una falsa creencia –alerta Santos Palazzi– de que los libros electrónicos son gratis. No, los editores tienen que transformar sus contenidos y, además, montar unas plataformas tecnológicas para ofrecerlos y distribuirlos. Montar una página web para vender los libros directamente cuesta dinero. Y hay que dotarlos de un mecanismo de protección para que no puedan descargarse ilegalmente. Y eso también cuesta dinero”. Así las cosas, habrá que hablar de los porcentajes del libro, como el 10% actual de derechos de autor. Por otro lado distribuidores y libreros suponen, en este momento, casi un 50% del coste de cada ejemplar. La venta directa deberá por tanto suponer una rebaja considerable de los precios, aunque los libros convencionales no van a desaparecer.
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